PROYECTO SOMOS FOLCLORE
...Bajo el asfalto, la tierra...
Introducción
A poco más de cinco siglos de la conquista de América, nos encontramos frente a una problemática fundamental: la búsqueda de nuestra identidad.
Desde aquel momento, y con el surgimiento de la Modernidad, Occidente ha pretendido consolidarse como el modelo universal, intentando exponer a sus instituciones como las abanderadas de valores universales: la escuela, la religión católica, el Estado y la propiedad privada.
Lo que se constituye como universal es aquello que se piensa como único. Es por esto que Europa occidental establece una relación binaria con las nuevas culturas conocidas, relación que no se da en términos de igualdad sino de hegemonía y subalternidad. Estas ideas hegemónicas atraviesan la cultura, la política, la biología, la economía y finalmente se conciben como dominantes socialmente, sin lugar a otras.
Pero pensamos que todavía no hemos perdido totalmente el rumbo. Somos concientes de que nuestra historia es producto de una situación de contacto traumática, que no ha estado exenta de genocidios, maltratos, imposiciones religiosas e ideológicas, esclavización, expropiación territorial, violaciones y numerosos hechos de violencia material y simbólica, por lo cual resulta evidente que mantenemos una deuda histórica con los pueblos originarios que habitaron y habitan este suelo. Pero también tenemos claro que somos producto de esa situación, por lo cual resulta imposible negarla. Lo que nos queda es asumirla con responsabilidad y resignificarla, particularmente en lo que respecta a las creaciones culturales generadas dentro de este contexto.
Las manifestaciones culturales no son propiedad de un país y no empiezan y terminan en un límite político arbitrariamente definido. La cultura es producto de una creación colectiva en un espacio social que luego fue fragmentado en estados nacionales. Estas regiones culturales no reconocen fronteras artificiales.
Así como, en la etapa de conquista, los pueblos originarios fueron colocados por la sociedad hegemónica en el polo de inferioridad de la relación con Occidente, hoy evidenciamos esa misma actitud desde las naciones que se autodenominan “desarrolladas”, y bajo este argumento intentan manipularnos. Nos asumimos como diferentes, pero no inferiores, dado que nuestra cultura siempre ha sido diferente.
Nosotros consideramos que existe en nuestro país, el desinterés por lo propio: eso se ve expresado en la desigualdad social, el hambre, la violencia y la explotación, pero también en la pérdida y subestimación de nuestras tradiciones: música, danzas, comidas, cosmovisiones y demás creaciones culturales. Creemos necesario resignificar la palabra tradición, ya que históricamente ha sido apoderada por ciertos grupos de poder, ajenos a nuestras pretensiones, y generalmente propulsores de la intolerancia y la discriminación. Entendemos por tradición la trasmisión de aquellas manifestaciones culturales legadas de nuestros antepasados. Así mismo, creemos que en este hecho entra en juego un proceso dinámico de construcción y resignificación colectiva y cotidiana, a través del tiempo.
Tenemos la certeza de que existen personas que resisten e intentan rescatar esas construcciones culturales que han intentado e intentan desarticular las sociedades dominantes.
Es nuestro interés viabilizar el encuentro con esas personas a fin de generar nuevos espacios en los que sea posible crear conciencia, comprendida como parte vital de esa resistencia.
Contexto y argumentos
Desde aquel momento, y con el surgimiento de la Modernidad, Occidente ha pretendido consolidarse como el modelo universal, intentando exponer a sus instituciones como las abanderadas de valores universales: la escuela, la religión católica, el Estado y la propiedad privada.
Lo que se constituye como universal es aquello que se piensa como único. Es por esto que Europa occidental establece una relación binaria con las nuevas culturas conocidas, relación que no se da en términos de igualdad sino de hegemonía y subalternidad. Estas ideas hegemónicas atraviesan la cultura, la política, la biología, la economía y finalmente se conciben como dominantes socialmente, sin lugar a otras.
Pero pensamos que todavía no hemos perdido totalmente el rumbo. Somos concientes de que nuestra historia es producto de una situación de contacto traumática, que no ha estado exenta de genocidios, maltratos, imposiciones religiosas e ideológicas, esclavización, expropiación territorial, violaciones y numerosos hechos de violencia material y simbólica, por lo cual resulta evidente que mantenemos una deuda histórica con los pueblos originarios que habitaron y habitan este suelo. Pero también tenemos claro que somos producto de esa situación, por lo cual resulta imposible negarla. Lo que nos queda es asumirla con responsabilidad y resignificarla, particularmente en lo que respecta a las creaciones culturales generadas dentro de este contexto.
Las manifestaciones culturales no son propiedad de un país y no empiezan y terminan en un límite político arbitrariamente definido. La cultura es producto de una creación colectiva en un espacio social que luego fue fragmentado en estados nacionales. Estas regiones culturales no reconocen fronteras artificiales.
Así como, en la etapa de conquista, los pueblos originarios fueron colocados por la sociedad hegemónica en el polo de inferioridad de la relación con Occidente, hoy evidenciamos esa misma actitud desde las naciones que se autodenominan “desarrolladas”, y bajo este argumento intentan manipularnos. Nos asumimos como diferentes, pero no inferiores, dado que nuestra cultura siempre ha sido diferente.
Nosotros consideramos que existe en nuestro país, el desinterés por lo propio: eso se ve expresado en la desigualdad social, el hambre, la violencia y la explotación, pero también en la pérdida y subestimación de nuestras tradiciones: música, danzas, comidas, cosmovisiones y demás creaciones culturales. Creemos necesario resignificar la palabra tradición, ya que históricamente ha sido apoderada por ciertos grupos de poder, ajenos a nuestras pretensiones, y generalmente propulsores de la intolerancia y la discriminación. Entendemos por tradición la trasmisión de aquellas manifestaciones culturales legadas de nuestros antepasados. Así mismo, creemos que en este hecho entra en juego un proceso dinámico de construcción y resignificación colectiva y cotidiana, a través del tiempo.
Tenemos la certeza de que existen personas que resisten e intentan rescatar esas construcciones culturales que han intentado e intentan desarticular las sociedades dominantes.
Es nuestro interés viabilizar el encuentro con esas personas a fin de generar nuevos espacios en los que sea posible crear conciencia, comprendida como parte vital de esa resistencia.
Contexto y argumentos
Los integrantes de este ambicioso proyecto cultural somos personas que nos hemos ido involucrando con las costumbres propias de las regiones culturales que se han visto delimitadas dentro de nuestro país: la música y danzas folclóricas en sus distintas expresiones regionales, el mate que es símbolo del difícil arte de interactuar cotidianamente con el otro, las comidas e historias y leyendas de los distintos lugares de la Argentina.
Hoy nos consideramos aptos para luchar a fin de revalorizar nuestra cultura, empezando con los pequeños espacios que nos rodean. Buscamos reencontrarnos con nuestra historia reciente. Somos argentinos y vivimos en la cuidad de Rosario, y alrededores, y tenemos conciencia sobre los problemas sociales que existen en nuestra región sabiendo que son consecuencia de un devenir histórico.
Necesitamos luchar para conseguir mayores libertades, en función de las necesidades básicas y la libre expresión
Al pensar todo aquello nos encontramos frente a una realidad inadmisible: el desconocimiento de la cultura folclórica. Al desconocer nuestra cultura, nos desconocemos a nosotros mismos. Es por eso que nos planteamos esta dura pero fundamental tarea de resignificar nuestra propia identidad, investigando y promoviendo los saberes y costumbres de nuestro folclore.
Sabemos que las decisiones a nivel político y económico nos trascienden y que muchas veces los espacios nos son negados. Pero creemos que es posible construir espacios alternativos. Estamos seguros que existe aquel lugar, ese refugio que es la cultura. Nuestra tarea es aportar a que, esa cultura que es de “todos”, sea entendida por todos.
Somos Folclore
Frente a esa situación de querer reencontrarnos con nuestra cultura, para reconstruir nuestra identidad; es que nace este feliz proyecto.
Así es que se forma el colectivo Somos Folclore, un grupo de jóvenes involucrados con la cultura nacional desde distintos ámbitos. Luego de encontrarnos en peñas y lugares comunes, decidimos llevar adelante aquellos debates acerca de la cultura, pero desde lo formal. Así se comienza a constituir la agrupación.
Entendemos que es primordial que los jóvenes y adultos de nuestro lugar comprendan estas ideas, y es por eso que conformamos un grupo de carácter abierto, con la intención de generar un espacio en donde discutir los problemas sociales que nos involucran.
Generar la toma de conciencia es difícil, pero se comienza por los lugares comunes donde vivimos.
Nuestros espacios públicos y privados están atravesados por la cultura. Creemos necesario un lugar formal en donde poder discutir estos temas que nos afectan a todos. Por eso es que la primera idea del proyecto gira en torno a convertir ese espacio virtual e inexistente de debate en un espacio real. Y siguiendo con esto, para entender la cultura como de Todos, es necesario apropiarse de un lugar público, en forma de intervenciones concretas y este es el segundo valuarte del proyecto.
Pensamos que es de suma importancia despojarse de los “mitos” que rondan al Folclore describiéndolo como “viejo, aburrido u obsoleto”. No se necesita de trajes de gaucho y paisana para bailar una danza folclórica. El espíritu de la música y los bailes que se desarrollaban, hoy nos llenan de pasión.
Somos concientes de que nosotros no somos trabajadores de la tierra, que precisaban de aquella vestimenta para sus tareas y para vivir en sus lugares; no somos la china y el gaucho que en los montes practicaban las danzas por que era su baile popular. Sino que somos la síntesis de todas esas historias, en un contexto de urbanidad, identificándose, con esos valores y sentimientos que se nos fueron trasmitiendo de una u otra manera. Debemos entender que parte de ese camino hacia una identidad colectiva, se encuentra en internalizar las prácticas folclóricas como hecho identitario.
Hoy nos consideramos aptos para luchar a fin de revalorizar nuestra cultura, empezando con los pequeños espacios que nos rodean. Buscamos reencontrarnos con nuestra historia reciente. Somos argentinos y vivimos en la cuidad de Rosario, y alrededores, y tenemos conciencia sobre los problemas sociales que existen en nuestra región sabiendo que son consecuencia de un devenir histórico.
Necesitamos luchar para conseguir mayores libertades, en función de las necesidades básicas y la libre expresión
Al pensar todo aquello nos encontramos frente a una realidad inadmisible: el desconocimiento de la cultura folclórica. Al desconocer nuestra cultura, nos desconocemos a nosotros mismos. Es por eso que nos planteamos esta dura pero fundamental tarea de resignificar nuestra propia identidad, investigando y promoviendo los saberes y costumbres de nuestro folclore.
Sabemos que las decisiones a nivel político y económico nos trascienden y que muchas veces los espacios nos son negados. Pero creemos que es posible construir espacios alternativos. Estamos seguros que existe aquel lugar, ese refugio que es la cultura. Nuestra tarea es aportar a que, esa cultura que es de “todos”, sea entendida por todos.
Somos Folclore
Frente a esa situación de querer reencontrarnos con nuestra cultura, para reconstruir nuestra identidad; es que nace este feliz proyecto.
Así es que se forma el colectivo Somos Folclore, un grupo de jóvenes involucrados con la cultura nacional desde distintos ámbitos. Luego de encontrarnos en peñas y lugares comunes, decidimos llevar adelante aquellos debates acerca de la cultura, pero desde lo formal. Así se comienza a constituir la agrupación.
Entendemos que es primordial que los jóvenes y adultos de nuestro lugar comprendan estas ideas, y es por eso que conformamos un grupo de carácter abierto, con la intención de generar un espacio en donde discutir los problemas sociales que nos involucran.
Generar la toma de conciencia es difícil, pero se comienza por los lugares comunes donde vivimos.
Nuestros espacios públicos y privados están atravesados por la cultura. Creemos necesario un lugar formal en donde poder discutir estos temas que nos afectan a todos. Por eso es que la primera idea del proyecto gira en torno a convertir ese espacio virtual e inexistente de debate en un espacio real. Y siguiendo con esto, para entender la cultura como de Todos, es necesario apropiarse de un lugar público, en forma de intervenciones concretas y este es el segundo valuarte del proyecto.
Pensamos que es de suma importancia despojarse de los “mitos” que rondan al Folclore describiéndolo como “viejo, aburrido u obsoleto”. No se necesita de trajes de gaucho y paisana para bailar una danza folclórica. El espíritu de la música y los bailes que se desarrollaban, hoy nos llenan de pasión.
Somos concientes de que nosotros no somos trabajadores de la tierra, que precisaban de aquella vestimenta para sus tareas y para vivir en sus lugares; no somos la china y el gaucho que en los montes practicaban las danzas por que era su baile popular. Sino que somos la síntesis de todas esas historias, en un contexto de urbanidad, identificándose, con esos valores y sentimientos que se nos fueron trasmitiendo de una u otra manera. Debemos entender que parte de ese camino hacia una identidad colectiva, se encuentra en internalizar las prácticas folclóricas como hecho identitario.
Intentamos darnos un lugar en el mundo a través del conocimiento y apropiación de nuestros lugares, costumbres, rituales e imaginarios, que forman parte de la idea de cultura argentina que estamos buscando.
Objetivo general
Lograr, a través del juego social, la articulación de un espacio de encuentro, difusión y revalorización de nuestro folclore en la forma más amplia posible con un espacio de discusión en función de problemáticas sociales que nos atañen, concretando aportes precisos a dichas causas.
Objetivos específicos
Objetivo general
Lograr, a través del juego social, la articulación de un espacio de encuentro, difusión y revalorización de nuestro folclore en la forma más amplia posible con un espacio de discusión en función de problemáticas sociales que nos atañen, concretando aportes precisos a dichas causas.
Objetivos específicos
- Crear nuevos espacios de difusión del folclore en los medios de comunicación, con el objeto de dar a conocer nuestra música, danzas, instrumentos, literatura y costumbres.
- Generar redes con organizaciones o grupos que se encuentren trabajando sobre problemáticas sociales compartidas, para actuar en conjunto.
- Llevar a cabo talleres itinerantes en escuelas para niños y jóvenes, y así generar una nueva mirada acerca de nuestra cultura y romper con el mito del folclore aburrido, estructurado e inexorable.
- Desarrollar talleres de danza/música para niños y jóvenes en situación de riesgo social, que surja como un espacio de esparcimiento, conocimiento y reflexión de la cultura nacional, y así poder aportar, desde los medios que se desprenden del saber y el quehacer folclórico, a la formación integral de la persona.
- Apropiarnos de distintos espacios públicos, transformándolos mediante intervenciones culturales para que concurra toda la familia a disfrutar de peñas abiertas de manera gratuita.
- Prever la realización de peñas folclóricas con entradas económicas para que pueda asistir toda la familia, y generar un fondo común de dinero para los gastos básicos de la agrupación.
MAIL: somosfolclorerosario@live.com.ar